Diagnóstico y tratamiento de la anemia ferropénica en la embarazada

En las anemias por déficit de hierro tanto los niveles de hemoglobina y hematocrito caen por debajo de lo normal y los glóbulos rojos son microcíticos e hipocrómicos. Además, el volumen corpuscular medio y la concentración corpuscular de hemoglobina se reducen.

La gestante levemente anémica puede ser asintomática o quejarse solo de fatiga al hacer ejercicio. A medida que la anemia empeora, disminuye la capacidad de trabajo de la gestante, aparece palidez, disnea, palpitaciones y taquicardia. La gestante con anemia grave puede notar disfagia, anorexia, sequedad de boca y lengua, parestesias, cefaleas, tinitus y/o irritabilidad. En la mayoría de embarazadas aparece un soplo cardíaco que no es específico de la anemia y puede aparecer como consecuencia del embarazo sin anemia.

Las preparaciones de hierro corrientes como sulfato o gluconato ferroso pueden producir algunos efectos adversos como náusea, estreñimiento, pirosis, molestias gástricas, heces negras y diarreas. Los efectos adversos en relación directa con la dosis consumida y pueden agravar síntomas que manifiestan muchas embarazadas que no consumen preparados de hierro. A veces el cumplimiento del tratamiento es alterado por los efectos secundarios. Se deben usar dosis y preparados que permitan un mejor cumplimiento.

La administración de hierro parenteral está indicada solo en los síndromes de malabsorción o en las anemias carenciales más graves y en los casos de intolerancia o incumplimiento de la vía de administración oral.

Como medida preventiva el American College of Obstetricians and Gynecologists recomienda usar 30 mg diarios de hierro elemental durante el segundo y tercer trimestres del embarazo.

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